Más pruebas de la depredación señorial en el sur del sexmo de Casarrubios (II): judicialización y legalización de las usurpaciones

 

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Los archivos están repletos de sentencias judiciales a favor y en contra de nobles que acabaron usurpando términos de las ciudades castellanas a finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna. Y es que, ¡sorpresa!, legalizar las ocupaciones era, precisamente, el objetivo de los usurpadores.

Esto es justo lo que ocurrió en Valmojado y sus entornos. Después de haber incumplido sentencias a favor de Segovia, dadas por la llamada Ley de Toledo -como, por ejemplo, la de 1508 sobre el ejido de El Álamo- los señores de Casarrubios consiguieron reabrir el pleito en 1540 y que la Chancillería de Valladolid revocara, en 1559, el fallo de 1510 sobre esta población, sobre Villamanta y sobre Valmojado, con sus términos ocupados.

Recurrir, por tanto, a estas legalizaciones para defender que Valmojado, Villamanta o El Álamo nunca estuvieron en jurisdicción segoviana es un argumento peregrino o, cuando menos, denota una ignorancia suprema del contexto histórico; puesto que hasta la propia Casarrubios fue aldea de Segovia y cabeza de uno de sus sexmos.

Por mera reducción al absurdo, sería como decir que Valmojado nunca perteneció al señorío de Casarrubios porque pleiteó durante un cuarto de siglo con la villa y consiguió desvincularse de ella en 1759.

Lo más llamativo es que semejantes opiniones partan de quienes primero dicen que los pleitos no son tratados de historia” para, a renglón seguido, hablar de lo que éstos -según ellos- “demostraron”. ¿Cabe mayor incoherencia?

 

Más pruebas de la depredación señorial en el sur del sexmo de Casarrubios (I): apropiación de la “cabçera” segoviana en Valmojado

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La imagen muestra la primera página de un mandamiento de los Reyes Católicos, fechado en 1493, para que el corregidor de Madrid fuese a averiguar sobre lo que estaba pasando en Valmojado con el cobro de la “cabçera”.

Se trataba de un montazgo local que Segovia cobraba, desde tiempo inmemorial, a los rebaños que por aquí pasaban, para reparar la conducción de agua del Acueducto. Con el tiempo, este derecho local acabó en manos del alcaide del alcázar de Segovia, Andrés de Cabrera, marqués de Moya.

En aquel momento, Ferrand López, vecino de la ciudad, tenía encargo de hacer cobrar este peaje por el marqués a un casarrubiero, Pedro Rodríguez de Peralta. Éste no le quiso dar cuenta ese año, pues el alcalde mayor de Casarrubios se había apropiado de la recaudación. Ferrand López decidió quejarse ante Isabel y Fernando.

El documento es otra evidencia más del antiguo ejercicio de la jurisdicción de Segovia. La apropiación de rentas y derechos locales es también prueba de las variadas maniobras de la depredación señorial que sufrieron las ciudades castellanas a finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna.

Los guardas de Segovia en Valmojado

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D. González.

La documentación histórica sobre Valmojado contiene muchas y curiosas anécdotas que hablan del origen de esta población como venta o alberguería segoviana. La usurpación señorial que, desde mediados del siglo XV, sufrieron los baldíos y alijares del sur del sexmo segoviano de Casarrubios daría lugar a un sinfín de pleitos. En ellos, una de las mayores pruebas que podían presentar las partes litigantes eran los testimonios jurados de quienes vivieron aquella situación de forma directa: los guardas, los ganaderos que pastoreaban por la zona o los vecinos de lugares de la comarca que, transitando por cañadas y veredas, presenciaron el discurrir de los acontecimientos.

En esta ocasión hablaremos de la presencia de los guardas de Segovia quienes, al menos desde medio siglo antes, vigilaban las tierras de la ciudad. La guarda de los términos era una prueba importante del ejercicio efectivo de jurisdicción de la Ciudad del Acueducto sobre sus tierras de Canmayor. Testimonios de principios del siglo XVI identifican, con nombres y apellidos, a muchos guardas, como Fernán Gómez de Blanca, los hermanos Argüello, Nicolás de Lucena o Alonso de Segovia, éste último apodado “el perrero” porque “hurtaba cuantos perros podía”. Eran muy conocidos -y, a veces, temidos- en toda la zona, pues la recorrían habitualmente. 

Según los testimonios, a mediados del Cuatrocientos las guardas de Segovia solían  aposentarse “lo más del año” en la venta de Valmojado. Dos de ellos salían a vigilar los términos a caballo o en mula, armados con lanzas y adargas; otros dos permanecían en la venta, turnándose “a vuelta d’ellos”.

La misión de los guardas era prender y aplicar justicia a cualquier persona que incumpliese las estrictas ordenanzas sobre el aprovechamiento de los baldíos. Así le ocurrió, por ejemplo, a un vecino de Batres llamado Juan del Bosque, por haber cortado leña verde (ver foto). Los guardas le confiscaron la leña y se la llevaron a Valmojado, “que a la sazón era término de Segovia”; allí tuvo que acudir a pagar la sanción, lo cual indica que el lugar ejercía entonces como base de operaciones.

La relación de testimonios que hablan sobre esta situación es larguísima. Otros vecinos, foráneos, como los de Chozas, aprovechaban la ausencia eventual de los guardas para hurtar leña: “vamos agora que no están en Valmojado las guardas de Segovia”. Cosas como éstas ya sucedían antes, bastante antes de 1467, cuando el lugar fue incorporado al señorío de Casarrubios.

De cómo cayó Valmojado en manos de los señores de Casarrubios

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D. González.

Casarrubios del Monte no tuvo un territorio jurisdiccional definido ni reconocido hasta 1467; y no lo tenía porque tampoco lo había tenido antes de 1331, mientras fue aldea de Segovia. De hecho, no se conocen más ámbitos jurisdiccionales de las villas eximidas de Segovia que sus canales o goteras (su casco urbano). El historiador Teo Rojo explica que esto era así porque los aprovechamientos comunales de los baldíos segovianos suplían esa carencia. La documentación de la época conserva testimonios que relatan anécdotas curiosas sobre esta situación. Una de ellas era la incapacidad de los alguaciles de Casarrubios de prender a delincuentes que habían cometido delitos en la villa, porque escapaban a poca distancia de sus muros, donde prevalecía la jurisdicción segoviana.

No existen, antes de 1467, mercedes regias que hablen expresamente de Valmojado, Villamanta o El Álamo como aldeas de Casarrubios. Sí hay, en cambio, un elenco de títulos, confirmaciones reales, testimonios y deslindes que describen los límites de Segovia y que comprenden los citados lugares. Así las cosas, no se puede sostener que los señores de Casarrubios pudieran fundar legalmente aldeas en jurisdicciones ajenas entre 1331 y 1467.

Esto, por supuesto, no implica que no lo intentaran de forma ilegal, aprovechando la cercanía de los lugares, la inestabilidad política del reino de Castilla y la debilidad de algunos monarcas. Y así parece que comenzaron al menos desde 1456, con la llegada de Juan de Cogollos, maestresala de Juana Enríquez (madre de Fernando “el Católico”), como administrador de la villa en nombre de la señora de Casarrubios. El daño estaba hecho y los sucesivos señores, influyentes en la voluntad real y ávidos de conseguir rentas y poder, no cejaron en su empeño. No fue un fenómeno aislado. La depredación señorial de territorios propiedad de la corona en jurisdicción de las ciudades del centro peninsular es un fenómeno muy corriente en esa época. Aunque Segovia se percató y consiguió deshacer parte de lo ejecutado, no habría vuelta atrás. Eran demasiados flancos abiertos en su territorio y “poco aparejo para fazer”. 

¿Cómo cayó entonces el lugar de Valmojado en manos de los señores de Casarrubios? Documentos como el de la foto apuntan a Enrique IV como el artífice de que ventas antiguamente segovianas como Valmojado fueran incorporadas al señorío de Casarrubios en algún momento cercano a marzo de 1467. El motivo principal: los sustanciosos derechos derivados del tránsito ganadero que los arrendadores segovianos obtenían en su puerto. Los documentos relatan que allí se habían acometido previos intentos de usurpación y poblamiento, los cuales dejarían al monarca el terreno abonado para sus eventuales donaciones.  

Sólo el rey podía hacer y deshacer, quitar y poner. Los vaivenes políticos y la propia debilidad del monarca hizo que éste otorgase muchas mercedes y privilegios con el fin de granjearse apoyos. El fin último era crear suculentos lotes de rentas y derechos con que recompensar esos apoyos. Así lo hizo ampliando la dotación de Casarrubios -es decir, incluyendo a Villamanta, Valmojado y la Venta de Toribio- y otorgándola a personas diferentes, según transcurrieran los acontecimientos: primero a su hermana Isabel, después a Gonzalo Chacón y, por último, al conde de Fuensalida. Como vemos, los propios monarcas también fueron responsables de la depredación.

Molinos, silos y fortines señoriales en la comarca de Valmojado

En este nuevo artículo hablamos sobre la existencia de varios edificios singulares en nuestra comarca entre los siglos XV y XVI. Se trata de construcciones asociadas a las luchas señoriales de la época. Un patrimonio común que merece mayor atención por parte de historiadores, arqueólogos e instituciones.

Pincha en el siguiente enlace para acceder al artículo:

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Penas sobre el ganado baldío, 1552

En muchas ocasiones hemos destacado el tesoro documental que guarda nuestro Archivo Municipal. Valmojado era un concejo muy pequeño en la Edad Moderna, dependiente de una villa cercana, pero capaz de gobernarse por sí mismo. Buen ejemplo son las ordenanzas y penas establecidas por sus justicias, que fueron, poco a poco, regulando diversos aspectos sobre la vida económica y comunitaria del lugar.
El 28 de junio de 1552, la mala vigilancia sobre las viñas y eras del pueblo había llevado al concejo de Valmojado a imponer ciertas multas a los dueños de gansos y puercos que por allí andaban sueltos. La cosecha de granos, una de las principales fuentes de subsistencia de los valmojadeños, era inminente. No se podía, por tanto, permitir que los animales siguieran comiéndose la mies que los vecinos dejaban extendida en las eras.
Así, por cada ganso, se imponía una multa de un maravedí; por cada puerco, la pena variaba entre medio real (si se prendía por el día) o un real (por la noche). Si había reincidencia, las multas eran mayores a la tercera vez que les prendiesen, respetando siempre la vida de los animales.
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Más info en GONZÁLEZ AGUDO, D. (2010), “El Cristo del Amparo. Apuntes para la historia parroquial de Valmojado”.

¿Cómo pasó Valmojado de Segovia a Casarrubios? Algunas consideraciones

Desde hace no mucho se viene intentando, desde ciertos ámbitos, negar las raíces segovianas de los pueblos de la comarca. Estos intentos no son nuevos y responden, bien a intereses personales y partidistas, bien al desconocimiento de la documentación. Esto no es algo nuevo. Ya en 2003 aparecía, en los Anales del Instituto “Jiménez de Gregorio”, un artículo del historiador Teodoro Rojo donde desmontaba algunas falsedades sobre la historia de Casarrubios del Monte: una de ellas era la negación de la pertenencia de la villa a Segovia; otra era la creencia de que Casarrubios tuvo un territorio jurisdiccional más amplio que el de su casco urbano antes de 1467.

De poco sirve acumular censos de la Edad Moderna, citas sobre “prestigiosos investigadores” o referencias sobre señoríos, si se desconoce una realidad anterior al de Casarrubios; es decir, cómo funcionaba el régimen comunal agrario de la ciudad y tierra de Segovia.

El autor señalaba que en sus siete libros sobre historia de los pueblos de la zona siempre había expresado, cuando venía al caso, lo manifestado por Segovia: que ninguna aldea enajenada de la ciudad tenía límites y que sólo tenía “jurisdicción de las goteras adentro de la población”. Es decir, que desde el momento en que Casarrubios es segregada de Segovia (1331), su jurisdicción sólo abarcaba su casco urbano, más un trozo de monte que se reservaba para pasto de sus ganados. La nueva villa siguió amparándose en el mismo fuero que tenía Segovia, y los casarrubieros continuaron aprovechándose de las tierras comunales de la ciudad. Prueba de ello es que hasta 1467 no existe privilegio real alguno que defina límites jurisdiccionales concretos para Casarrubios. En cambio, sí hay un elenco de títulos y confirmaciones regias que definen por dónde iban los límites de Segovia desde comienzos del siglo XIII. Estos límites llegaban hasta Boadilla (hoy, en Camarena).

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Desde el momento en que fue segregada de Segovia, la jurisdicción de la villa de Casarrubios no comprendía más que su casco urbano y una dehesa. Hasta 1467 no existen títulos reales que definan un territorio jurisdiccional para Casarrubios. Sí hay, en cambio, un elenco de diplomas y confirmaciones de diferentes monarcas para Segovia desde 1208. 

A mediados del siglo XV, muchas poblaciones de la zona, como Villamanta, Valmojado o El Álamo, no eran más que alberguerías, ventas o mesones segovianos. Eran antiguos establecimientos familiares que servían a ganados y pastores travesíos y trashumantes. Éste, por ejemplo, es el origen de Valmojado, donde la ciudad acostumbraba, desde antiguo, a cobrar varios peajes e impuestos locales (la cacera, el retorno y las alcabalas de Canmayor); y donde los guardas de la ciudad se aposentaban. 

Los pueblos no surgen de la nada. Las raíces de Valmojado, como las de Casarrubios, Villamanta, El Álamo y otros de la zona, no se entienden sin la potente influencia segoviana. No se trataba de concejos, sino de ventas y mesones familiares que servían en las principales rutas trashumantes de los ganados de la ciudad.  

Aquellas rentas serían, de hecho, un aliciente para que los señores de Casarrubios se interesasen por estos lugares, tratando de ocuparlos y poblarlos desde entonces. La expansión de los señoríos a costa de tierras ajenas, especialmente de las ciudades castellanas, es un fenómeno bastante corriente en la época. Esta expansión estuvo motivada por el crecimiento demográfico y, sobre todo, por el interés económico de la nobleza.

Las rentas generadas en las ventas segovianas, como Valmojado, fueron un aliciente para la expansión señorial de Casarrubios.

El problema es que aquella expansión señorial no contaba con permiso del rey ni de la ciudad de Segovia. Recordemos que el extenso territorio donde estaba Valmojado eran pastizales propiedad de la corona que estaban bajo jurisdicción de la Ciudad del Acueducto. El concejo segoviano consiguió frenar y hasta deshacer parte de lo ejecutado, pero el momento político dio con un rey inestable, Enrique IV, que no dudaría en sustraer villas y lugares para entregarlos a diversas personas en señorío. El daño estaba hecho y las aldeas a medio repoblar.

La villa de Casarrubios no tenía términos reconocidos, por tanto es imposible que pudiera fundar, sin permiso real, aldeas en territorios ajenos. Esto no implica que sus señores no lo intentaran por otros medios, como ocurrió en muchos otros lugares. Así se hizo, desde 1456, en Villamanta y Valmojado, aprovechando la inestabilidad política del momento.

En 1467 la infanta Isabel cumpliría mayoría de edad. El plan era dotarla de una “casa apartadamente” hasta que se casara y para ello necesitaba rentas. De modo que su hermano Enrique decidió hacerla señora de Casarrubios, incluyendo en el “lote” otros lugares ajenos, como Villamanta y Valmojado, para aumentar las rentas recibidas y así vivir con mayor desahogo. Es el momento en que la venta de Valmojado pasa, legalmente, a depender de Casarrubios; no así las tierras que la rodeaban, que seguían bajo jurisdicción segoviana. Nada cambiaba respecto a su aprovechamiento comunal.

Segovia, consciente de la usurpación, conseguiría frenarla y deshacer parte de lo ejecutado por los anteriores señores de Casarrubios. Pero los vaivenes políticos del momento llevarían a Enrique IV a aprovecharse de la situación. En 1467 el rey acabó añadiendo Villamanta, Valmojado y la Venta de Toribio al señorío de Casarrubios para que su hermana, la entonces infanta Isabel, pudiera tener unas rentas con que mantenerse.

Los vaivenes políticos en Castilla habían llevado a que parte de la nobleza proclamara rey al infante Alfonso, hermano de Enrique e Isabel, en la “farsa de Ávila”. El momento sería aprovechado por Fadrique Enríquez, anterior señor de Casarrubios, para que Alfonso -sobrino suyo- le firmara un privilegio donde se incluía, por primera vez, una jurisdicción territorial a Casarrubios. Esta línea de delimitación, que englobaba a las aldeas, nunca fue reconocida por Segovia. Primero, porque Alfonso no era rey; y segundo, porque contradecía los límites jurisdiccionales de la ciudad, reconocidos desde 1208.

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Los larguísimos pleitos sobre los términos entre Segovia y Casarrubios comenzaron cuando Gonzalo Chacón, a quien los monarcas otorgarían la villa, quiso asumir, poblar y defender la línea de delimitación establecida por don Fadrique. Un territorio muy amplio que incluía también Navalcarnero.

Algunos dicen que los pleitos “no son tratados de historia”, para inmediatamente hablar de lo que éstos -según ellos- “demostraron”. No cabe mayor incoherencia.

La hábil política de Chacón consiguió convertir las ventas en pueblos consolidados, haciendo partícipes a sus justicias y vecinos para ocupar la mojonera definida por el Almirante Enríquez. No la consiguieron toda, pues Segovia lograría fundar, no sin sufrimientos, Navalcarnero y Sevilla la Nueva. Era la forma más efectiva de detener el inmenso expolio que estaba sufriendo su tierra meridional.

Se arrogan la verdad universal, acusando a los demás de “acomodar relatos”, cuando son ellos quienes descaradamente lo practican. Todo, con la terca obsesión de imponer un escudo municipal ya derogado y falto de rigor histórico, como en su día expresaron los informes correspondientes. 

Negar los orígenes de Valmojado es negar la historia común de muchos pueblos de la zona.

Breve cronología histórica de Valmojado

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Prehistoria

Restos y yacimientos de diversas épocas han sido hallados en el término municipal de Valmojado. Los materiales más antiguos y dispersos proceden del Paleolítico Inferior, época en la que los homínidos crearon los primeros utensilios.

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Bifaz de cuarcita hallado en término municipal de Valmojado.

Hoy, en el Museo de Santa Cruz (Toledo).

De la Segunda Edad del Hierro parecen ser varios fragmentos graníticos de catillus, encontrados en los márgenes del arroyo de Buzarabajo o Vallehermoso (Crespo Fraguas, 2012).

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Fragmentos de molinos hallados en término de Valmojado. Los de la parte inferior, hallados en las márgenes del arroyo de Buzarabajo. Hoy, en el Museo de Santa Cruz (Toledo). Los de la parte superior, reutilizados en viviendas de la localidad. Hoy, en el Museo Etnográfico de Valmojado.

Según la división que citan las fuentes latinas, el actual Valmojado estaría próximo a la difusa frontera de los territorios ocupados por los pueblos Carpetanos y Vettones.

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Cereales y bellotas eran alimentos esenciales en la dieta de sus habitantes, cuyas viviendas contaban con estos artefactos de uso doméstico. Los molinos estaban compuestos de dos piedras cilíndricas, más anchas que altas, girando una sobre la otra mediante un mango en la parte externa de la muela superior, llamada catillus. El grano se echaba a través de un orificio en el eje, saliendo al exterior en forma de harina gruesa, a través de un canal diametral.

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Buena parte de este material prehistórico se halla depositada en los fondos del Museo de Santa Cruz (Toledo).

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Edad Antigua

Según las referencias antiguas, el término municipal de Valmojado estaría en los entornos de importantes vías romanas de comunicación. Una de ellas conducía desde Mérida a Zaragoza. A corta distancia de la población existen varios yacimientos de origen romano, como Santa María de Batres (actual Parque Arqueológico de Carranque), Villamanta, Arroyomolinos o Berciana (Méntrida). Asimismo, recientes trabajos han señalado restos de infraestructura caminera y múltiples referencias arqueológicas, epigráficas y toponímicas en la Cañada Real Segoviana. Esta importante vía trashumante recorre unos seis kilómetros del término valmojadeño y roza las paredes de su casco urbano.

Edad Media

De época visigoda parecen ser los fondos de cabaña y los silos localizados en los márgenes del arroyo de Vallehermoso, siendo asociados con los numerosos asentamientos rurales que han aflorado en La Sagra toledano-madrileña. Se trata de núcleos campesinos, sin estructuras defensivas, cerca de arroyos o de lugares con disponibilidad de agua.

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Fondo de cabaña excavado cerca del casco urbano de Valmojado, en 2010. En él se aprecian los cimientos, restos cerámicos (esquina superior izquierda), el orificio de un poste que pudo sujetar la vivienda (esquina inferior derecha) y un silo de almacenamiento de cereal (esquina superior derecha).

Durante la dominación árabe, el espacio que ocupa el término de Valmojado se encuadraba dentro de los límites del alfoz o territorio de Calatalifa (hoy, en término de Villaviciosa de Odón), antiguo castillo edificado, según las crónicas, por mandato de Abd al-Rahmán III en el año 940. Este tipo de fortalezas ha sido considerado como eje de un territorio subordinado en el que se inscribían, entre otras clases de poblamientos, las alquerías.

Después de la Reconquista de Toledo (1085) y finalizado un periodo de inestabilidad a principios del siglo XII, Alfonso VII concedería, en 1136, la ciudad de Calatalifa al obispo de Segovia para repoblarla. El privilegio del rey confirmaba al prelado y a sus sucesores Calatalifa “con todos los términos antiguos y rentas íntegras que se sepa haber tenido y dominado en la época de los moros” o en la de sus predecesores cristianos. Esos términos, que coincidirían en buena parte con el que más tarde sería el sexmo de Casarrubios, llegaban hasta Santa María de Batres (Carranque) y seguían el camino que comunicaba y dividía los términos de Olmos (hoy, en El Viso de San Juan) y Madrid.

En 1161 el rey Alfonso VIII hizo un trueque con don Guillelmo, obispo de Segovia, ante la incapacidad de la iglesia segoviana para repoblar la tierra. El trueque consitió en donar al obispo segoviano la cuarta parte de las rentas de la ciudad a cambio de Calatalifa, sin Batres. Así, la tarea repobladora de la antigua fortaleza musulmana y su extenso alfoz sería encomendada al concejo de la ciudad de Segovia, cuya cabaña ganadera jugaría un papel fundamental. De hecho, desde finales del siglo XII la Repoblación segoviana coincidió con el movimiento estacional de sus rebaños hacia y desde las zonas de frontera, llamadas estremos. 

Durante esa época es, precisamente, cuando aparecen las primeras referencias sobre el antecedente de Valmojado. El 8 de marzo de 1207 el rey Alfonso VIII confirmaba al Monasterio de San Clemente de Toledo la concesión de una aldea que llamaban el Villar de Cinco Fuentes (Villar de Quinque Fontes). Algunos expertos en etimología sostienen que la palabra villar podría aludir a la existencia de ruinas o un despoblado ruinoso en el momento de la Repoblación de la zona. Esto induce a considerar, por tanto, que la aldea había existido con anterioridad. Y es que el privilegio de San Clemente refiere otra donación anterior, quizá de tiempos de Alfonso VII (apodado el emperador), por la que el Villar de Cinco Fuentes se había donado a dos personajes llamados Pedro Moro (Petro Mauri) y Balduíno (Baldovino). En cuanto al topónimo Pedromoro, aún da nombre a un paraje cercano a Valmojado y a una vía pecuaria, el cordel de Pedromoro, con destino en la población.

¿Dónde estuvo el Villar de Cinco Fuentes? El documento cita el caserío en el lecho materno del arroyo de Buzarabajo (Borçalavaio), es decir, el denominado posteriormente Valdeoro, del Monte, o Vallehermoso. El villar estaba situado entre cuatro lugares: Casarrubios (Casar Rubeus), la alquería de Aznar Gómez, la aldea de Dominico Ferro y la aldea de Pozuelos. Jean P. Molénat sugiere la identificación de esta antigua población como un antecedente de Valmojado. Además, documentos de los siglos XV y XVI hablan de una dehesa de las Fuentes o Valdefuentes en la misma localización, hoy repartida entre los términos de Valmojado y Casarrubios del Monte.

El investigador Teodoro Rojo fue el primero en señalar que el privilegio al monasterio toledano reconoce claramente la temprana influencia de Segovia en la zona. Con el documento de 1207, Alfonso VIII no hace otra cosa que confirmar un título concedido apenas tres años antes (1204) a las monjas, quizá temerosas de perder la heredad ante el empuje segoviano. Por eso, en el nuevo título se dispone expresamente que la ciudad “no inquiete” a las religiosas en la posesión del Villar de Cinco Fuentes. Esto implica que Segovia no sólo controlaba todo el territorio circundante, sino que se veía con legitimidad para reclamar el resto por derecho de conquista. No hay que olvidar que la Ciudad del Acueducto era, desde el último tercio del siglo XII, encargada de repoblar el antiguo término de Calatalifa. Además, la participación de la caballería segoviana en las campañas militares contra los musulmanes había reportado al concejo segoviano una ristra de concesiones reales al sur de la sierra de Guadarrama. Sin ir muy lejos, la donación de seis yugadas de heredad en Seseña para incremento de las cañadas (1182), la merced de diecinueve villas al este del que sería el sexmo de Valdemoro (1190), y un privilegio de libre pasto y circulación de sus ganados por todo el reino (1200).

Nada comparable, desde luego, al reconocimiento del vasto territorio que Segovía recibiría en 1208 por parte de Alfonso VIII. El citado privilegio, posteriormente llamado de la Bolsilla, reconocía de iure buena parte de los límites meridionales de la ciudad, topando con la jurisdicción de la iglesia de Toledo a la altura de Camarena. Las abadesas de San Clemente quedaron sin campo en que jugar, pues la Tierra de Segovia englobaba todo el término del Villar de Cinco Fuentes.

La detallada descripción de límites, realizada por el alcalde real Minaya, hace mención, en la zona, de un Portillejo (Portelleio). Es probable que esta pequeña encrucijada, en la entrada misma a la jurisdicción segoviana, diera lugar al establecimiento de un punto cercano de control ganadero, el ulterior Passo y Puerto de Ganados de Valmojado.

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Sexmo segoviano de Casarrubios, con sus principales vías de comunicación, poblaciones y alberguerías. Imagen de Rodríguez Morales & González Agudo (2018).

A mediados del siglo XV Segovia cogía en Valmojado unos peajes locales llamados cabsera y retorno de los ganados. Según varios testimonios de principios del siglo XVI, el derecho de cabsera era muy antiguo y consistía en coger una o dos cabezas por cada millar de ovejas que no fueran de la tierra de la ciudad y que pasaran hacia las Extremaduras. Los testigos de la época cuentan que la recaudación del citado peaje era “por el alcázar de Segovia”, y se empleaba en reparar la cacera del Acueducto de Segovia. Esta canalización de origen romano, que suministraba agua a la ciudad y al alcázar real desde Riofrío, se veía a menudo cegada o destruida en varios puntos, al ser atravesada por los ganados trashumantes (Rodríguez Morales y González Agudo, 2018). Asimismo, Segovia cobraba el retorno a rebaños ajenos a la tierra cuando volvían de cañada por Valmojado.

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Panel informativo sobre la cacera real, en el Centro de Interpretación del Acueducto. Segovia. Foto D. González.

En el siglo XIV (1312-1350), la situación estratégica del lugar, próxima a los límites con jurisdicciones ajenas, se confirma al citarse los cercanos Portillos (Portiellos) en el Libro de la Montería de Alfonso XI. Será en el capítulo correspondiente a los “montes y tierras de Madrid y de Alhamín”; concretamente en una de las vocerías de Valdepiñuelas (Val de Peñuelas), donde se destacaba la idoneidad para la caza del jabalí o puerco durante la invernada:

Et son las vocerias la una por el camino que va de Casa Rubios a Mentrida desde los Portiellos fasta Belvis; et la otra desde Villa Nueva por ribera del río fasta Peñas Rubias.

Aproximadamente un siglo después (1436) se vuelven a mencionar los Portillos de Casarrubios en la descripción de las dimensiones del término limítrofe de Alhamín. El motivo había sido un trueque realizado entre don Álvaro de Luna y la mitra arzobispal de Toledo. En esas latitudes, partiendo los actuales términos de Valmojado y Méntrida, aún pervive el llamado Portillo de Méntrida, “asomante a Valmojado”, donde, según testimonios de la época, existía uno de los hitos delimitadores entre las tierras de Segovia y Alhamín.

Según la copia de un documento fechado 13 de diciembre de 1449, Pedro Sarmiento, alcaide de las alzadas de Toledo, hizo mención, por primera vez en documentos, del topónimo Valmojado. El motivo había sido unos recudimientosde alcabalas, junto con Casarrubios, la Aljama de los Judíos y Villamanta, por la venta de unos ganados en aquella ciudad.

En 1456, el Maestresala Juan de Cogollos, administrador de la Villa de Casarrubios por la reina doña Juana de Aragón y Navarra, puso en marcha un programa repoblador que chocaba de frente con la jurisdicción de Segovia: nombró concejos, amplió dehesas, acotó otras nuevas y reglamentó la repoblación de todos los lugares de la zona. Es la primera noticia que existe sobre justicias puestas en Valmojado (1456-1464).

Los documentos apuntan a que Enrique IV había añadido los lugares segovianos de Villamanta, Valmojado y la Venta de Toribio al señorío de Casarrubios en la donación que hizo a su hermana, la infanta Isabel de Castilla (futura Reina Católica), el 12 de marzo de 1467. Isabel reclamaría, guerra civil por medio, 140.000 maravedíes de la recaudación anual del Paso y Puerto de Valmojado.

El 28 de octubre del mismo año, el almirante don Fadrique Enríquez consiguió que el príncipe don Alfonso -hermanastro de Enrique IV y falso rey proclamado por una parte de la nobleza- aprobase la cesión de Casarrubios que la Infanta Isabel le había hecho previamente al almirante, algo prohibido por el rey legítimo, Enrique IV. Don Fadrique aprovechó para introducir en el privilegio una mojonera que asignaba términos a Casarrubios y abarcaba también los de las aldeas circundantes. Desde ese momento, el señorío de Casarrubios tenía mojonera declarada. Hasta entonces, la jurisdicción de la Villa se había ceñido a las goteras o casas de la población, pues todo lo que la rodeaba era Segovia.

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La ciudad nunca aceptó aquellos límites, ni el privilegio de un rey que no era tal, fallecido nueve meses después de concederlo. Sería, no obstante, don Gonzalo Chacón, Mayordomo Mayor y privado de Isabel, quien acabaría por imponer la mojonera del almirante en 1468, aunque no en su totalidad. Chacón había accedido por primera vez al señorío de Casarrubios, poco tiempo antes, como administrador de la reina. Enrique IV le hizo merced de Casarrubios el 24 de noviembre. Ese mismo año, Abraham Seneor, alguacil mayor de la Aljama de Segovia, rabino mayor de Castilla y por entonces arrendador del Puerto de Valmojado, pedía protección al rey debido a ciertas “inseguridades” en el paso de ganado.

En 1472, y tras un breve tiempo en manos del Conde de Fuensalida, el señorío volvió a manos de Chacón. Hacia el año 1484 dicho comendador fundaría un mayorazgo con las villas de Casarrubios y Arroyomolinos; y, entre otros lugares, con Villamanta, Valmojado y El Álamo.

Edad Moderna

El concejo de Valmojado quedaría ligado a los sucesivos Señores y Condes de Casarrubios del Monte hasta la caída del Antiguo Régimen. El 7 de enero de 1734 fue recibida la Real Cédula de Exención, concedida por Felipe V. Valmojado pasaba así a convertirse en Villa, eximiéndose de Casarrubios. La cédula real, expedida a finales de diciembre de 1733, había solicitado a petición de sus justicias pedáneas ante el Consejo de Hacienda, librando a la villa exenta de los “atropellos” y “malos tratamientos” que, según declaraciones de los vecinos, venían recibiendo por parte de los alcaldes de la cabeza de la jurisdicción. En esa misma fecha dio comienzo el pleito sobre términos con Casarrubios y su condado, que duraría un cuarto de siglo, dando término en 1759 y siendo confirmados, por tercera vez, la Real Cédula de Exención y el Privilegio de Villazgo. Aun así, las descripciones del Cardenal Lorenzana (1786) aluden a que el municipio trataba de sacudirse el yugo feudal, teniendo pleito pendiente con el Conde de Casarrubios, el cual seguía nombrando alcaldes para su concejo.

Edad Contemporánea

En 1833, la nueva división provincial ideada por Javier de Burgos apartó a Valmojado de la antigua provincia de Madrid para formar parte de la de Toledo.

 

Bibliografía

CRESPO FRAGUAS, Ángela (2012), “Los cuatro catillus de Valmojado”, Fiestas Patronales Valmojado 2012, Valmojado, Ayuntamiento de Valmojado, pp. 63-65.

GONZÁLEZ AGUDO, David (2007), Valmojado en la memoria. Horizonte histórico de un pueblo, Toledo, Diputación de Toledo

GONZÁLEZ AGUDO, David (2010), El Cristo del Amparo. Apuntes para la historia parroquial de Valmojado, Valmojado, Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo.

GONZÁLEZ AGUDO, David (2017), “Valmojado en el pleito de 1508 entre Segovia y los señores de Casarrubios”, Fiestas Patronales Valmojado 2017, Valmojado, Ayuntamiento de Valmojado, pp. 92-98.

MOLÉNAT, Jean-Pierre. (1997), Campaignes et monts de Tolede du XII au XV siecle, Madrid.

RODRÍGUEZ MORALES, Jesús (2015), “Sentencia de 1506 que prohibía a Gonzalo Chacón seguir cobrando derechos de retorno a los ganados de la Mesta en Valmojado”, Fiestas Patronales Valmojado 2015, Valmojado, Ayuntamiento de Valmojado, pp. 68-72.

RODRÍGUEZ MORALES, Jesús & GONZÁLEZ AGUDO, David (2018), “#ValmojadoEsHistoria. Alberguerías y caminos de la Repoblación segoviana en la Transierra, siglos XIII-XV”, Fiestas Patronales Valmojado 2018, Valmojado, Ayuntamiento de Valmojado, pp. 83-95.

ROJO CALVO, Teo (2001), “Apuntes sobre la repoblación segoviana del sexmo de Casarrubios”, Anales del Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid ‘Jiménez de Gregorio’, Madrid, Universidad Carlos III de Madrid, pp. 59-86.

ROJO CALVO, Teo (2011), “Notas a la Fundación de Valmojado”, Fiestas Patronales Valmojado 2011, Valmojado, Ayuntamiento de Valmojado, pp. 48-63.

 

 

 

Influencia camerana en el pasado ganadero de Valmojado

Próximamente se publicará, en los Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, una versión ampliada del artículo “Familias cameranas en el pasado ganadero de Valmojado”, que fue presentado en Festejos 2016.

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En este artículo se destaca el asentamiento en Valmojado de varias familias procedentes de la sierra de Cameros (hoy, en La Rioja) desde el siglo XVI. Pincha en el siguiente enlace para acceder a la primera versión del artículo.

Familias Cameranas en Valmojado

Estas familias, cuya actividad estaba ligada a la ganadería trashumante, llegaron a Valmojado a través de la Cañada Real Segoviana. Resulta interesante cómo varias de ellas, procedentes de pueblos cameranos relativamente cercanos, consiguieron ser las principales del vecindario. También darían varios hijos ilustres a la villa, como Juan de Villarreal o Ramón Moya de la Torre.

La Casarrubios segoviana

Se cumplen 550 años de la proclamación de Isabel de Castilla como heredera al trono en Casarrubios del Monte. Este vídeo es la primera parte de una modesta contribución para conmemorar el acontecimiento. La presentación tuvo lugar en unas jornadas celebradas el 2 de junio de 2018, en Casarrubios del Monte. El reportaje habla sobre la Casarrubios segoviana, 1207-1331. Una época muy interesante para conocer los orígenes de Valmojado.