Isabel: reina de Castilla y señora de Valmojado

El 12 de marzo de 1467, Enrique IV, rey de Castilla, hizo merced del señorío de Casarrubios del Monte a su hermana, Isabel «la Católica». Isabel, aún infanta, iba a cumplir dieciséis años, entonces mayoría de edad para los miembros de la corona, y necesitaba «independizarse». Por ello, su hermano la dotó, mientras estuviese soltera, con las rentas del señorío de Casarrubios del Monte, entre las que incluyó el «montazgo» de los ganados que pasaban por la venta de Valmojado, lugar hasta entonces en tierra de Segovia. Esta circunstancia, que duraría unos cuantos meses, sería determinante para la posterior fundación del concejo de Valmojado; es decir, el primer ayuntamiento. Las rentas ganaderas fueron uno de los motivos por los que los sucesivos señores de Casarrubios pusieron sus ojos en el lugar. Sin duda, es uno de los hitos históricos que evidencia la señorialización de Valmojado, sujeto, desde entonces, al señor y justicias de Casarrubios del Monte.

Hay quien pretende situar el origen de Valmojado en esta época, coincidiendo con la constitución del primer concejo, en un momento desconocido de la segunda mitad del siglo XV. Pero la historia hay que contarla entera. Los pueblos no surgen de la nada ni se asientan en un determinado lugar por mero capricho. Valmojado, como otras localidades de su entorno, fue venta y paso de ganados antes que pueblo, es decir, antes de su inclusión en el señorío de Casarrubios. La comarca, repoblada por Segovia, era zona tradicional de invernada y pasaje de los rebaños serranos. De hecho, hay constancia de que la renta del «montazgo» tenía su antecedente en la «caucera», un peaje local que los segovianos venían cobrando en Valmojado y otros lugares a los ganados trashumantes foráneos que atravesaban el ámbito jurisdiccional de la ciudad. Recordemos que la tierra de Segovia se extendía, desde el siglo XIII, hasta la actual Camarena, lindando con las tierras de la Iglesia de Toledo. Por tanto, las raíces de Valmojado, como las de muchos otras localidades de su entorno -incluida la propia Casarrubios del Monte- son más profundas y de influencia segoviana. A este respecto, es interesante consultar el siguiente artículo sobre el papel de las ventas o alberguerías segovianas de la zona, que dieron origen a muchos pueblos que hoy conocemos:

https://www.researchgate.net/publication/332381088_Los_caminos_de_la_repoblacion_segoviana_en_la_Transierra_entre_los_siglos_XIII_y_XV_El_privilegio_de_las_alberguerias_de_1273_The_Roads_to_Repopulation_in_the_Transierra_of_Segovia_between_the_Thirtee

Con más retórica mitinesca que argumentación histórica, algún panfleto local intenta negar tales raíces. Sus autores usan excusas peregrinas y contradictorias para «revisar» el pasado. Un ejemplo reciente es la manía contra un obelisco y una calle dedicados a Isabel «la Católica» en Valmojado. Comienzan aduciendo que «Isabel no fue señora» del lugar; después, que el obelisco es un «símbolo pagano» incompatible con el cristianismo -¿conoce esta gente el Vaticano?-; más tarde, que sí, que Isabel sí fue señora, pero que no reúne méritos suficientes para levantarle un monumento… Para coronar, el último disparate: que la inscripción del obelisco es errónea porque dice «reina de Castilla» antes que «señora de Valmojado». ¿Qué será lo siguiente? Afortunadamente, la intención es conocida: desacreditar hallazgos y logros ajenos, para destruir lo construido cuando gobiernen «los suyos».

Pero la manipulación de la Historia y su utilización política no se ciñe al ámbito local; es un problema grave de ámbito nacional. Autores como Payne, Gil Ibáñez o Roca Barea ponen el foco sobre esta combinación de ignorancia y anacronismo que no deja de juzgar hechos y figuras de otras épocas, generando un bucle de ideas negativas, resentimiento y, al fin, autodestrucción. Escudos y monumentos se pueden quitar y poner, pero no la Historia.

Coincidencia geográfica entre el sexmo segoviano de Casarrubios y el arciprestazgo de Canales

Cuando un foráneo pregunta, a los vecinos de Casarrubios, Valmojado o Las Ventas de Retamosa, a qué comarca pertenecen , suele dudarse. «La Mancha», dicen algunos, ignorando que ésta queda lejos, al sudeste de Toledo. «La Sagra», responden otros, cuando ésta se identifica más con los pueblos del eje Guadarrama-Jarama-Tajo.

La Diputación Provincial de Toledo lleva tres décadas incluyendo a estos pueblos en La Sagra, pero lo cierto es que no acaban de encajar en ella -ni siquiera en la misma provincia de Toledo-, ¿por qué ese desapego?

La respuesta está, quizás, en la nueva división provincial de 1833, que rompió la unidad histórica que formaban los pueblos del antiguo señorío de Casarrubios del Monte que, a su vez, estuvo vinculado al sexmo segoviano del mismo nombre. Se trata de una unidad geográfica muy antigua, que se remonta a la Edad Media.

Y es que la Repoblación se hizo de norte a sur, aprovechando las vías existentes (Martín del Hoy & Rodríguez Morales, 2017; Rodríguez Morales & González Agudo, 2019). Como se ve en los mapas, estos pueblos caen dentro de lo que fue, primero, el alfoz o territorio de Calatalifa que, desde 1166, pasó a ser jurisdicción de Segovia. En 1208, el rey Alfonso VIII confirmó a la ciudad del Acueducto la posesión de este espacio de aprovechamiento comunal, siendo marcados sus límites geográficos, que iban desde Camarena hasta las estribaciones de la sierra.

De izquierda a derecha, alfoces de Calatalifa, Olmos y Canales; sexmo segoviano de Casarrubios; y arciprestazgo de Canales.

Esta ancestral división fue también conservada por la Iglesia durante siglos. Por algo es que todavía, a finales del siglo XVIII, el arciprestazgo de Canales (ver mapa) coincidía, en su mayor parte, con el territorio del antiguo sexmo segoviano de Casarrubios.

Más pruebas de la depredación señorial en el sur del sexmo de Casarrubios (II): judicialización y legalización de las usurpaciones

 

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Los archivos están repletos de sentencias judiciales a favor y en contra de nobles que acabaron usurpando términos de las ciudades castellanas a finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna. Y es que, ¡sorpresa!, legalizar las ocupaciones era, precisamente, el objetivo de los usurpadores.

Esto es justo lo que ocurrió en Valmojado y sus entornos. Después de haber incumplido sentencias a favor de Segovia, dadas por la llamada Ley de Toledo -como, por ejemplo, la de 1508 sobre el ejido de El Álamo- los señores de Casarrubios consiguieron reabrir el pleito en 1540 y que la Chancillería de Valladolid revocara, en 1559, el fallo de 1510 sobre esta población, sobre Villamanta y sobre Valmojado, con sus términos ocupados.

Recurrir, por tanto, a estas legalizaciones para defender que Valmojado, Villamanta o El Álamo nunca estuvieron en jurisdicción segoviana es un argumento peregrino o, cuando menos, denota una ignorancia suprema del contexto histórico; puesto que hasta la propia Casarrubios fue aldea de Segovia y cabeza de uno de sus sexmos.

Por mera reducción al absurdo, sería como decir que Valmojado nunca perteneció al señorío de Casarrubios porque pleiteó durante un cuarto de siglo con la villa y consiguió desvincularse de ella en 1759.

Lo más llamativo es que semejantes opiniones partan de quienes primero dicen que los pleitos no son tratados de historia” para, a renglón seguido, hablar de lo que éstos -según ellos- “demostraron”. ¿Cabe mayor incoherencia?

 

Más pruebas de la depredación señorial en el sur del sexmo de Casarrubios (I): apropiación de la “cabçera” segoviana en Valmojado

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La imagen muestra la primera página de un mandamiento de los Reyes Católicos, fechado en 1493, para que el corregidor de Madrid fuese a averiguar sobre lo que estaba pasando en Valmojado con el cobro de la “cabçera”.

Se trataba de un montazgo local que Segovia cobraba, desde tiempo inmemorial, a los rebaños que por aquí pasaban, para reparar la conducción de agua del Acueducto. Con el tiempo, este derecho local acabó en manos del alcaide del alcázar de Segovia, Andrés de Cabrera, marqués de Moya.

En aquel momento, Ferrand López, vecino de la ciudad, tenía encargo de hacer cobrar este peaje por el marqués a un casarrubiero, Pedro Rodríguez de Peralta. Éste no le quiso dar cuenta ese año, pues el alcalde mayor de Casarrubios se había apropiado de la recaudación. Ferrand López decidió quejarse ante Isabel y Fernando.

El documento es otra evidencia más del antiguo ejercicio de la jurisdicción de Segovia. La apropiación de rentas y derechos locales es también prueba de las variadas maniobras de la depredación señorial que sufrieron las ciudades castellanas a finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna.

Los guardas de Segovia en Valmojado

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D. González.

La documentación histórica sobre Valmojado contiene muchas y curiosas anécdotas que hablan del origen de esta población como venta o alberguería segoviana. La usurpación señorial que, desde mediados del siglo XV, sufrieron los baldíos y alijares del sur del sexmo segoviano de Casarrubios daría lugar a un sinfín de pleitos. En ellos, una de las mayores pruebas que podían presentar las partes litigantes eran los testimonios jurados de quienes vivieron aquella situación de forma directa: los guardas, los ganaderos que pastoreaban por la zona o los vecinos de lugares de la comarca que, transitando por cañadas y veredas, presenciaron el discurrir de los acontecimientos.

En esta ocasión hablaremos de la presencia de los guardas de Segovia quienes, al menos desde medio siglo antes, vigilaban las tierras de la ciudad. La guarda de los términos era una prueba importante del ejercicio efectivo de jurisdicción de la Ciudad del Acueducto sobre sus tierras de Canmayor. Testimonios de principios del siglo XVI identifican, con nombres y apellidos, a muchos guardas, como Fernán Gómez de Blanca, los hermanos Argüello, Nicolás de Lucena o Alonso de Segovia, éste último apodado “el perrero” porque “hurtaba cuantos perros podía”. Eran muy conocidos -y, a veces, temidos- en toda la zona, pues la recorrían habitualmente. 

Según los testimonios, a mediados del Cuatrocientos las guardas de Segovia solían  aposentarse “lo más del año” en la venta de Valmojado. Dos de ellos salían a vigilar los términos a caballo o en mula, armados con lanzas y adargas; otros dos permanecían en la venta, turnándose “a vuelta d’ellos”.

La misión de los guardas era prender y aplicar justicia a cualquier persona que incumpliese las estrictas ordenanzas sobre el aprovechamiento de los baldíos. Así le ocurrió, por ejemplo, a un vecino de Batres llamado Juan del Bosque, por haber cortado leña verde (ver foto). Los guardas le confiscaron la leña y se la llevaron a Valmojado, “que a la sazón era término de Segovia”; allí tuvo que acudir a pagar la sanción, lo cual indica que el lugar ejercía entonces como base de operaciones.

La relación de testimonios que hablan sobre esta situación es larguísima. Otros vecinos, foráneos, como los de Chozas, aprovechaban la ausencia eventual de los guardas para hurtar leña: “vamos agora que no están en Valmojado las guardas de Segovia”. Cosas como éstas ya sucedían antes, bastante antes de 1467, cuando el lugar fue incorporado al señorío de Casarrubios.

De cómo cayó Valmojado en manos de los señores de Casarrubios

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D. González.

Casarrubios del Monte no tuvo un territorio jurisdiccional definido ni reconocido hasta 1467; y no lo tenía porque tampoco lo había tenido antes de 1331, mientras fue aldea de Segovia. De hecho, no se conocen más ámbitos jurisdiccionales de las villas eximidas de Segovia que sus canales o goteras (su casco urbano). El historiador Teo Rojo explica que esto era así porque los aprovechamientos comunales de los baldíos segovianos suplían esa carencia. La documentación de la época conserva testimonios que relatan anécdotas curiosas sobre esta situación. Una de ellas era la incapacidad de los alguaciles de Casarrubios de prender a delincuentes que habían cometido delitos en la villa, porque escapaban a poca distancia de sus muros, donde prevalecía la jurisdicción segoviana.

No existen, antes de 1467, mercedes regias que hablen expresamente de Valmojado, Villamanta o El Álamo como aldeas de Casarrubios. Sí hay, en cambio, un elenco de títulos, confirmaciones reales, testimonios y deslindes que describen los límites de Segovia y que comprenden los citados lugares. Así las cosas, no se puede sostener que los señores de Casarrubios pudieran fundar legalmente aldeas en jurisdicciones ajenas entre 1331 y 1467.

Esto, por supuesto, no implica que no lo intentaran de forma ilegal, aprovechando la cercanía de los lugares, la inestabilidad política del reino de Castilla y la debilidad de algunos monarcas. Y así parece que comenzaron al menos desde 1456, con la llegada de Juan de Cogollos, maestresala de Juana Enríquez (madre de Fernando “el Católico”), como administrador de la villa en nombre de la señora de Casarrubios. El daño estaba hecho y los sucesivos señores, influyentes en la voluntad real y ávidos de conseguir rentas y poder, no cejaron en su empeño. No fue un fenómeno aislado. La depredación señorial de territorios propiedad de la corona en jurisdicción de las ciudades del centro peninsular es un fenómeno muy corriente en esa época. Aunque Segovia se percató y consiguió deshacer parte de lo ejecutado, no habría vuelta atrás. Eran demasiados flancos abiertos en su territorio y “poco aparejo para fazer”. 

¿Cómo cayó entonces el lugar de Valmojado en manos de los señores de Casarrubios? Documentos como el de la foto apuntan a Enrique IV como el artífice de que ventas antiguamente segovianas como Valmojado fueran incorporadas al señorío de Casarrubios en algún momento cercano a marzo de 1467. El motivo principal: los sustanciosos derechos derivados del tránsito ganadero que los arrendadores segovianos obtenían en su puerto. Los documentos relatan que allí se habían acometido previos intentos de usurpación y poblamiento, los cuales dejarían al monarca el terreno abonado para sus eventuales donaciones.  

Sólo el rey podía hacer y deshacer, quitar y poner. Los vaivenes políticos y la propia debilidad del monarca hizo que éste otorgase muchas mercedes y privilegios con el fin de granjearse apoyos. El fin último era crear suculentos lotes de rentas y derechos con que recompensar esos apoyos. Así lo hizo ampliando la dotación de Casarrubios -es decir, incluyendo a Villamanta, Valmojado y la Venta de Toribio- y otorgándola a personas diferentes, según transcurrieran los acontecimientos: primero a su hermana Isabel, después a Gonzalo Chacón y, por último, al conde de Fuensalida. Como vemos, los propios monarcas también fueron responsables de la depredación.

Molinos, silos y fortines señoriales en la comarca de Valmojado

En este nuevo artículo hablamos sobre la existencia de varios edificios singulares en nuestra comarca entre los siglos XV y XVI. Se trata de construcciones asociadas a las luchas señoriales de la época. Un patrimonio común que merece mayor atención por parte de historiadores, arqueólogos e instituciones.

Pincha en el siguiente enlace para acceder al artículo:

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Penas sobre el ganado baldío, 1552

D. González
En muchas ocasiones hemos destacado el tesoro documental que guarda nuestro Archivo Municipal. Valmojado era un concejo muy pequeño en la Edad Moderna, dependiente de una villa cercana, pero capaz de gobernarse por sí mismo. Buen ejemplo son las ordenanzas y penas establecidas por sus justicias, que fueron, poco a poco, regulando diversos aspectos sobre la vida económica y comunitaria del lugar.
El 28 de junio de 1552, la mala vigilancia sobre las viñas y eras del pueblo había llevado al concejo de Valmojado a imponer ciertas multas a los dueños de gansos y puercos que por allí andaban sueltos. La cosecha de granos, una de las principales fuentes de subsistencia de los valmojadeños, era inminente. No se podía, por tanto, permitir que los animales siguieran comiéndose la mies que los vecinos dejaban extendida en las eras.
Así, por cada ganso, se imponía una multa de un maravedí; por cada puerco, la pena variaba entre medio real (si se prendía por el día) o un real (por la noche). Si había reincidencia, las multas eran mayores a la tercera vez que les prendiesen, respetando siempre la vida de los animales.
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Más info en GONZÁLEZ AGUDO, D. (2010), “El Cristo del Amparo. Apuntes para la historia parroquial de Valmojado”.

¿Cómo pasó Valmojado de Segovia a Casarrubios? Algunas consideraciones

Desde hace no mucho se viene intentando, desde ciertos ámbitos, negar las raíces segovianas de los pueblos de la comarca. Estos intentos no son nuevos y responden, bien a intereses personales y partidistas, bien al desconocimiento de la documentación. Esto no es algo nuevo. Ya en 2003 aparecía, en los Anales del Instituto “Jiménez de Gregorio”, un artículo del historiador Teodoro Rojo donde desmontaba algunas falsedades sobre la historia de Casarrubios del Monte: una de ellas era la negación de la pertenencia de la villa a Segovia; otra era la creencia de que Casarrubios tuvo un territorio jurisdiccional más amplio que el de su casco urbano antes de 1467.

De poco sirve acumular censos de la Edad Moderna, citas sobre “prestigiosos investigadores” o referencias sobre señoríos, si se desconoce una realidad anterior al de Casarrubios; es decir, cómo funcionaba el régimen comunal agrario de la ciudad y tierra de Segovia.

El autor señalaba que en sus siete libros sobre historia de los pueblos de la zona siempre había expresado, cuando venía al caso, lo manifestado por Segovia: que ninguna aldea enajenada de la ciudad tenía límites y que sólo tenía “jurisdicción de las goteras adentro de la población”. Es decir, que desde el momento en que Casarrubios es segregada de Segovia (1331), su jurisdicción sólo abarcaba su casco urbano, más un trozo de monte que se reservaba para pasto de sus ganados. La nueva villa siguió amparándose en el mismo fuero que tenía Segovia, y los casarrubieros continuaron aprovechándose de las tierras comunales de la ciudad. Prueba de ello es que hasta 1467 no existe privilegio real alguno que defina límites jurisdiccionales concretos para Casarrubios. En cambio, sí hay un elenco de títulos y confirmaciones regias que definen por dónde iban los límites de Segovia desde comienzos del siglo XIII. Estos límites llegaban hasta Boadilla (hoy, en Camarena).

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Desde el momento en que fue segregada de Segovia, la jurisdicción de la villa de Casarrubios no comprendía más que su casco urbano y una dehesa. Hasta 1467 no existen títulos reales que definan un territorio jurisdiccional para Casarrubios. Sí hay, en cambio, un elenco de diplomas y confirmaciones de diferentes monarcas para Segovia desde 1208. 

A mediados del siglo XV, muchas poblaciones de la zona, como Villamanta, Valmojado o El Álamo, no eran más que alberguerías, ventas o mesones segovianos. Eran antiguos establecimientos familiares que servían a ganados y pastores travesíos y trashumantes. Éste, por ejemplo, es el origen de Valmojado, donde la ciudad acostumbraba, desde antiguo, a cobrar varios peajes e impuestos locales (la cacera, el retorno y las alcabalas de Canmayor); y donde los guardas de la ciudad se aposentaban. 

Los pueblos no surgen de la nada. Las raíces de Valmojado, como las de Casarrubios, Villamanta, El Álamo y otros de la zona, no se entienden sin la potente influencia segoviana. No se trataba de concejos, sino de ventas y mesones familiares que servían en las principales rutas trashumantes de los ganados de la ciudad.  

Aquellas rentas serían, de hecho, un aliciente para que los señores de Casarrubios se interesasen por estos lugares, tratando de ocuparlos y poblarlos desde entonces. La expansión de los señoríos a costa de tierras ajenas, especialmente de las ciudades castellanas, es un fenómeno bastante corriente en la época. Esta expansión estuvo motivada por el crecimiento demográfico y, sobre todo, por el interés económico de la nobleza.

Las rentas generadas en las ventas segovianas, como Valmojado, fueron un aliciente para la expansión señorial de Casarrubios.

El problema es que aquella expansión señorial no contaba con permiso del rey ni de la ciudad de Segovia. Recordemos que el extenso territorio donde estaba Valmojado eran pastizales propiedad de la corona que estaban bajo jurisdicción de la Ciudad del Acueducto. El concejo segoviano consiguió frenar y hasta deshacer parte de lo ejecutado, pero el momento político dio con un rey inestable, Enrique IV, que no dudaría en sustraer villas y lugares para entregarlos a diversas personas en señorío. El daño estaba hecho y las aldeas a medio repoblar.

La villa de Casarrubios no tenía términos reconocidos, por tanto es imposible que pudiera fundar, sin permiso real, aldeas en territorios ajenos. Esto no implica que sus señores no lo intentaran por otros medios, como ocurrió en muchos otros lugares. Así se hizo, desde 1456, en Villamanta y Valmojado, aprovechando la inestabilidad política del momento.

En 1467 la infanta Isabel cumpliría mayoría de edad. El plan era dotarla de una “casa apartadamente” hasta que se casara y para ello necesitaba rentas. De modo que su hermano Enrique decidió hacerla señora de Casarrubios, incluyendo en el “lote” otros lugares ajenos, como Villamanta y Valmojado, para aumentar las rentas recibidas y así vivir con mayor desahogo. Es el momento en que la venta de Valmojado pasa, legalmente, a depender de Casarrubios; no así las tierras que la rodeaban, que seguían bajo jurisdicción segoviana. Nada cambiaba respecto a su aprovechamiento comunal.

Segovia, consciente de la usurpación, conseguiría frenarla y deshacer parte de lo ejecutado por los anteriores señores de Casarrubios. Pero los vaivenes políticos del momento llevarían a Enrique IV a aprovecharse de la situación. En 1467 el rey acabó añadiendo Villamanta, Valmojado y la Venta de Toribio al señorío de Casarrubios para que su hermana, la entonces infanta Isabel, pudiera tener unas rentas con que mantenerse.

Los vaivenes políticos en Castilla habían llevado a que parte de la nobleza proclamara rey al infante Alfonso, hermano de Enrique e Isabel, en la “farsa de Ávila”. El momento sería aprovechado por Fadrique Enríquez, anterior señor de Casarrubios, para que Alfonso -sobrino suyo- le firmara un privilegio donde se incluía, por primera vez, una jurisdicción territorial a Casarrubios. Esta línea de delimitación, que englobaba a las aldeas, nunca fue reconocida por Segovia. Primero, porque Alfonso no era rey; y segundo, porque contradecía los límites jurisdiccionales de la ciudad, reconocidos desde 1208.

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Los larguísimos pleitos sobre los términos entre Segovia y Casarrubios comenzaron cuando Gonzalo Chacón, a quien los monarcas otorgarían la villa, quiso asumir, poblar y defender la línea de delimitación establecida por don Fadrique. Un territorio muy amplio que incluía también Navalcarnero.

Algunos dicen que los pleitos “no son tratados de historia”, para inmediatamente hablar de lo que éstos -según ellos- “demostraron”. No cabe mayor incoherencia.

La hábil política de Chacón consiguió convertir las ventas en pueblos consolidados, haciendo partícipes a sus justicias y vecinos para ocupar la mojonera definida por el Almirante Enríquez. No la consiguieron toda, pues Segovia lograría fundar, no sin sufrimientos, Navalcarnero y Sevilla la Nueva. Era la forma más efectiva de detener el inmenso expolio que estaba sufriendo su tierra meridional.

Se arrogan la verdad universal, acusando a los demás de “acomodar relatos”, cuando son ellos quienes descaradamente lo practican. Todo, con la terca obsesión de imponer un escudo municipal ya derogado y falto de rigor histórico, como en su día expresaron los informes correspondientes. 

Negar los orígenes de Valmojado es negar la historia común de muchos pueblos de la zona.