Los guardas de Segovia en Valmojado

Screenshot 2019-10-09 at 18.44.27

D. González.

La documentación histórica sobre Valmojado contiene muchas y curiosas anécdotas que hablan del origen de esta población como venta o alberguería segoviana. La usurpación señorial que, desde mediados del siglo XV, sufrieron los baldíos y alijares del sur del sexmo segoviano de Casarrubios daría lugar a un sinfín de pleitos. En ellos, una de las mayores pruebas que podían presentar las partes litigantes eran los testimonios jurados de quienes vivieron aquella situación de forma directa: los guardas, los ganaderos que pastoreaban por la zona o los vecinos de lugares de la comarca que, transitando por cañadas y veredas, presenciaron el discurrir de los acontecimientos.

En esta ocasión hablaremos de la presencia de los guardas de Segovia quienes, al menos desde medio siglo antes, vigilaban las tierras de la ciudad. La guarda de los términos era una prueba importante del ejercicio efectivo de jurisdicción de la Ciudad del Acueducto sobre sus tierras de Canmayor. Testimonios de principios del siglo XVI identifican, con nombres y apellidos, a muchos guardas, como Fernán Gómez de Blanca, los hermanos Argüello, Nicolás de Lucena o Alonso de Segovia, éste último apodado “el perrero” porque “hurtaba cuantos perros podía”. Eran muy conocidos -y, a veces, temidos- en toda la zona, pues la recorrían habitualmente. 

Según los testimonios, a mediados del Cuatrocientos las guardas de Segovia solían  aposentarse “lo más del año” en la venta de Valmojado. Dos de ellos salían a vigilar los términos a caballo o en mula, armados con lanzas y adargas; otros dos permanecían en la venta, turnándose “a vuelta d’ellos”.

La misión de los guardas era prender y aplicar justicia a cualquier persona que incumpliese las estrictas ordenanzas sobre el aprovechamiento de los baldíos. Así le ocurrió, por ejemplo, a un vecino de Batres llamado Juan del Bosque, por haber cortado leña verde (ver foto). Los guardas le confiscaron la leña y se la llevaron a Valmojado, “que a la sazón era término de Segovia”; allí tuvo que acudir a pagar la sanción, lo cual indica que el lugar ejercía entonces como base de operaciones.

La relación de testimonios que hablan sobre esta situación es larguísima. Otros vecinos, foráneos, como los de Chozas, aprovechaban la ausencia eventual de los guardas para hurtar leña: “vamos agora que no están en Valmojado las guardas de Segovia”. Cosas como éstas ya sucedían antes, bastante antes de 1467, cuando el lugar fue incorporado al señorío de Casarrubios.

De cómo cayó Valmojado en manos de los señores de Casarrubios

Privilegio_Alfonso

D. González.

Casarrubios del Monte no tuvo un territorio jurisdiccional definido ni reconocido hasta 1467; y no lo tenía porque tampoco lo había tenido antes de 1331, mientras fue aldea de Segovia. De hecho, no se conocen más ámbitos jurisdiccionales de las villas eximidas de Segovia que sus canales o goteras (su casco urbano). El historiador Teo Rojo explica que esto era así porque los aprovechamientos comunales de los baldíos segovianos suplían esa carencia. La documentación de la época conserva testimonios que relatan anécdotas curiosas sobre esta situación. Una de ellas era la incapacidad de los alguaciles de Casarrubios de prender a delincuentes que habían cometido delitos en la villa, porque escapaban a poca distancia de sus muros, donde prevalecía la jurisdicción segoviana.

No existen, antes de 1467, mercedes regias que hablen expresamente de Valmojado, Villamanta o El Álamo como aldeas de Casarrubios. Sí hay, en cambio, un elenco de títulos, confirmaciones reales, testimonios y deslindes que describen los límites de Segovia y que comprenden los citados lugares. Así las cosas, no se puede sostener que los señores de Casarrubios pudieran fundar legalmente aldeas en jurisdicciones ajenas entre 1331 y 1467.

Esto, por supuesto, no implica que no lo intentaran de forma ilegal, aprovechando la cercanía de los lugares, la inestabilidad política del reino de Castilla y la debilidad de algunos monarcas. Y así parece que comenzaron al menos desde 1456, con la llegada de Juan de Cogollos, maestresala de Juana Enríquez (madre de Fernando “el Católico”), como administrador de la villa en nombre de la señora de Casarrubios. El daño estaba hecho y los sucesivos señores, influyentes en la voluntad real y ávidos de conseguir rentas y poder, no cejaron en su empeño. No fue un fenómeno aislado. La depredación señorial de territorios propiedad de la corona en jurisdicción de las ciudades del centro peninsular es un fenómeno muy corriente en esa época. Aunque Segovia se percató y consiguió deshacer parte de lo ejecutado, no habría vuelta atrás. Eran demasiados flancos abiertos en su territorio y “poco aparejo para fazer”. 

¿Cómo cayó entonces el lugar de Valmojado en manos de los señores de Casarrubios? Documentos como el de la foto apuntan a Enrique IV como el artífice de que ventas antiguamente segovianas como Valmojado fueran incorporadas al señorío de Casarrubios en algún momento cercano a marzo de 1467. El motivo principal: los sustanciosos derechos derivados del tránsito ganadero que los arrendadores segovianos obtenían en su puerto. Los documentos relatan que allí se habían acometido previos intentos de usurpación y poblamiento, los cuales dejarían al monarca el terreno abonado para sus eventuales donaciones.  

Sólo el rey podía hacer y deshacer, quitar y poner. Los vaivenes políticos y la propia debilidad del monarca hizo que éste otorgase muchas mercedes y privilegios con el fin de granjearse apoyos. El fin último era crear suculentos lotes de rentas y derechos con que recompensar esos apoyos. Así lo hizo ampliando la dotación de Casarrubios -es decir, incluyendo a Villamanta, Valmojado y la Venta de Toribio- y otorgándola a personas diferentes, según transcurrieran los acontecimientos: primero a su hermana Isabel, después a Gonzalo Chacón y, por último, al conde de Fuensalida. Como vemos, los propios monarcas también fueron responsables de la depredación.