Conmemoración del ‘privilegio de la Bolsilla’

D. González. El 11 de diciembre de 2008 tuve la oportunidad de publicar, en El Adelantado de Segovia, un editorial donde se conmemoraba una efeméride de especial importancia para la ciudad. Al día siguiente se iban a cumplir ochocientos años del privilegio otorgado a Segovia por el rey Alfonso VIII, mediante el cual fueron reconocidos los confines más meridionales de sus tierras del Reino de Toledo, allende la sierra de Guadarrama. Esto supuso para la urbe segoviana ostentar de derecho la jurisdicción sobre los campos de Canmayor, es decir, las tierras que después conformarían su sexmo de Casarrubios, hasta limitar con Camarena (Toledo).

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La merced se conserva en el archivo de la Alhóndiga y durante varios siglos ha sido conocida por los segovianos como privilegio de la Bolsilla, por la razón de llevar colgada una bolsilla de raso que contenía el sello real. El texto de la misma hace un recorrido de los límites de la ciudad, con las jurisdicciones colindantes de Alhamín, Maqueda, la Mitra de Toledo, Olmos, Madrid, etc.

El porqué del documento hay que encontrarlo en la Reconquista. Los nuevos territorios eran remuneratorios, es decir, como recompensa por la ayuda de las milicias segovianas a los reyes cristianos, en el avance frente a los musulmanes. En este sentido, los grandes propietarios de ganado de la ciudad, interesados en conseguir pasturas invernales para sus rebaños, tuvieron mucha influencia en el rápido progreso de Segovia al otro lado de la sierra de Guadarrama.

La expansión de las tierras de Canmayor o sexmo de Casarrubios se articula, en parte, a lo largo de la Cañada Real Segoviana, una de las grandes vías de la trashumancia. La incorporación de los baldíos y alijares de la zona permitiría a los ganados segovianos transitar seguros por ella y pasar el invierno en los ‘estremos’, donde el clima era más cálido y los pastos abundantes.

Varios trabajos recientes han venido afinando los confines de la tierra segoviana por el suroeste, casi un calco de los que hoy marcan los límites municipales de las localidades de Casarrubios del Monte, Valmojado y Las Ventas de Retamosa. Los orígenes de estos pueblos tienen, por tanto, bastante que ver con la influencia de la ciudad en la zona.

011Límites del privilegio de 1208 por la zona sur del sexmo de Casarrubios.

Casarrubios del Monte fue aldea fundada por Segovia y cabeza del sexmo de su mismo nombre hasta 1331, año en que fue eximida y entregada en señorío a don Alfonso de la Cerda. Según los documentos, la nueva villa no tenía términos: su jurisdicción apenas comprendía el casco urbano hasta sus goteras, más un pedazo de monte privativo para sus ganados. Todo lo demás seguía siendo tierra y jurisdicción de Segovia. Valmojado, lugar próximo, permanecería en términos de la ciudad hasta aproximadamente 1467. Los testimonios más antiguos sitúan allí un ‘passo é puerto’ de ganados, un lugar de tránsito estacional hacia los extremos, donde la ciudad cobraba varios derechos, como la caucera y el retorno, que llegaron a ser percibidos por el alcaide del Alcázar. Por su parte, los parajes donde hoy se asienta Las Ventas de Retamosa, fueron lugar de invernada de los rebaños de varios lugares de la tierra (Villacastín, El Espinar, Aldeavieja, Bustarviejo, etc.). Allí se mantiene, aún en pie, uno de los mojones establecidos en 1208, que los lugareños llaman el Canto.

Desde mediados del siglo XV la presión de los señoríos jurisdiccionales limítrofes con Segovia (Casarrubios, Alhamín, condado de Chinchón) intensificó, por varios flancos, los intentos por usurpar y desmembrar esta parte del sexmo. Uno de los motivos principales fueron los potenciales ingresos y rentas señoriales que podían obtener de esta tierra montuosa. Unas veces, los señores vecinos contaron con la connivencia de los monarcas; en otras, se excedieron de sus ámbitos, consumando la ocupación para, tiempo después, obtener el reconocimiento real. Los contemporáneos achacaban este expolio a la “falta de aparejo para fazer” de la ciudad, debido a su lejanía, así como a la escasa colonización del territorio, dedicado casi exclusivamente a pastos. Así, hacia el año 1484, los términos más meridionales del sexmo, donde se encuadran los pueblos citados, habían sido enajenados a Segovia para formar parte del mayorazgo de don Gonzalo Chacón, privadísimo de la reina Isabel I de Castilla.

Segovia nunca reconoció el expolio y trató de recuperar los términos y baldíos perdidos. Sus reclamaciones judiciales duraron más de un siglo, gastando una ingente cantidad de recursos y sacando la Bolsilla de su archivo siempre que la situación lo requería, como prueba fehaciente de pertenecerle la jurisdicción. Ese esfuerzo en proteger sus territorios del suroeste quedó patente en la apertura de cinco pleitos principales en el siglo XVI. En el que trata en 1508 de los términos ocupados, el procurador segoviano denunciaba cómo, los Chacón, “por su propia autoridad” habían entrado y tenían “tomada e ocupada la posession de los dichos términos, e de los dichos lugares de Villamanta, e Valmojado, e aldea del Alamo, e Guijo, e las Fuentes”. Así, emplazaron a sus habitantes a no pechar ni contribuir a Segovia, dejando de pagar “alcabalas,  servizios, e derechos” como tales súbditos, “vasallos, vecinos y habitantes en la tierra, distrito, y jurisdicción de la dicha ciudad”, y como “de tiempo inmemorial” lo habían pagado los vecinos y moradores de Canmayor.

Más pruebas las aporta la documentación sobre varias fundaciones ‘defensivas’ en el espacio de baldíos en disputa. Las más famosas son las de Navalcarnero (1499) y Sevilla la Nueva (1544); menos conocidas -pero no menos importantes- son las de Valmoratejo y Cabeza Retamosa, cuyas pueblas habían sido autorizadas a la ciudad en 1504 por los Reyes Católicos. Los Chacón, que incumplieron sistemáticamente varias sentencias a favor de Segovia, acabarían por imponer su fuerza en la zona. La fundación de Las Ventas de Cabeza Retamosa, una clara réplica a las dos anteriores, es un buen ejemplo.

Transcurridos 809 años del privilegio de La Bolsilla, la herencia segoviana aún se percibe en muchas de las villas de los antiguos sexmos de Casarrubios y Lozoya. Diecisiete pueblos de la zona, entre Madrid y Toledo, exhiben con orgullo el acueducto romano en sus armas municipales. Varios de ellos pertenecen aún a la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, institución que aún perdura, pero que, desgraciadamente, sigue sin contar con su integridad territorial original.

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Bibliografía:

Valmojado en la memoria. Horizonte histórico de un pueblo, Toledo, Diputación Provincial de Toledo, 2007.

El Cristo del Amparo. Apuntes para la historia parroquial de Valmojado, Valmojado, Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo, 2010.

 

 

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